martes, 6 de agosto de 2013

Donde se esconde la Inspiración

















Todo ser humano vive sumido en un océano de sensaciones, de vivencias, de experiencias y lecciones, a las que se va adaptando según su propia naturaleza. Esto es lo que conforma nuestra personalidad, nuestro modo de entender el mundo. Una mezcla casi mágica entre nuestro interior, también llamado genética, y el mundo que nos rodea, es decir, nuestro entorno.

Eso es psicología básica, pero, cuando llegas a un punto en el que has vivido lo suficiente como para haber sentido alegría, tristeza, rabia, dulzura, satisfacción total y desesperanza absoluta, cuando has conocido las mejores y las peores facetas de tus rincones más remotos, te comienzas a dar cuenta de que todos, todos nosotros, necesitamos de los sentimientos, lejos del frío racionalismo. ¿Qué sería de nosotros sin el amor? ¿Sin el odio? Qué mundo más triste aquél en el que nadie tiene una sola motivación, en la que se vive por inercia, sin un objetivo, sin la más mínima esperanza de conseguir algo, en la que todo nos es igual. Qué hijo de puta el que inventase los sentimientos que nos provocan malestar, pero  qué podrida estaría ver una Humanidad sin música, sin cine, sin literatura, en el que no se pueda dar la creación de obras como Hamlet, la Divina Comedia, el Requiem de Mozart. Arte.

Los antiguos griegos hablaron de aquello que nos mueve a realizar nuevas obras, de la inspiración. Musas. Divinidades que juegan con nosotros, nos atormentan y nos hacen elevarnos. ¿Qué habría sido de Herodoto sin Clío, musa de la Historia? Eterna como el propio Tiempo. Clío quiso que a ella y a sus ocho hermanas se las llamase siglos más tarde Gracia de Dios, Inspiración Divina, que se las uniese en una especie de sincronismo entre todo lo divino de la gloriosa Antigüedad y una sola figura, Dios. Pero entonces llegaría Dante Alighieri y traería su propia Musa, su Donna Angelicata, su Beatriz, quien era capaz de salvarle del autoabandono, de las propias zarpas del Infierno.
 
¿Qué nos mueve? ¿Qué nos inspira? Yo digo que el arte no es algo matemático, no es algo científico, no es algo que pueda medirse ni algo que pueda valorarse objetivamente. Nadie pone en duda lo profundo del Romanticismo de Poe, de Bécquer, pero… ¿acaso deja de ser arte Dalí? ¿Quién puede negarle al Surrealismo su capacidad de hacer sentir cosas que no pueden sentirse con ningún otro movimiento artístico? Yo digo que una Musa, Dios, Beatriz, Clío o sus hermanas, son todo cuanto nos rodea. Podría ser un amor prohibido; una amante secreta; un amigo que nos da ánimos cada día; una mascota leal. Pero también lo es un amanecer; una brisa; un aroma; un desconocido.

No importa lo lejos que nos sintamos de la inspiración, no importa lo desesperados que estemos por encontrar ese ritmo, ese verso, esa gama de colores. No se trata de forzar la obra, no se trata de obligarte a ser feliz, a sonreírle a la vida y engañarse a uno mismo. Cuando menos te lo esperes, en medio de la noche, llegará un amanecer y sus rayos te inundarán, y entonces Clío y sus hermanas te elevarán más allá de lo objetivo, lo gris, lo mundano. No sé si estaré en lo cierto o no con todo esto, pero si alguna vez no encuentras la inspiración, no dejes que eso te cambie, puede que tú seas la Musa de otra persona, puede que seas Clío, Beatriz, puede que gracias a ti, la Humanidad vuelva a ver otra Divina Comedia.

1 comentario:

  1. Me ha encantado. Nunca comento en estas cosas, pero tenía que decirlo. No he podido parar de leer hasta el final. Me gusta cómo escribes, dices mucho con palabras sencillas.

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